Los retos de la movilidad eléctrica

Durante las últimas décadas, los patrones de la movilidad urbana están cambiando en nuestra sociedad hacia el concepto de sostenibilidad y con ello, los vehículos que desplazan personas y mercancías. Se trata de un cambio motivado, en parte, por la crisis económica, por el creciente precio de los combustibles y su adquisición a terceros países y por el impacto que los motores de combustión tienen en nuestra salud y en nuestro clima. Es en este contexto donde la movilidad eléctrica juega un papel fundamental como un modo alternativo de transporte de vehículos térmicos.

Pero nuestro argumento no pasa por promover el paso del parque de vehículos térmicos a vehículos eléctricos, pues lo cierto es que la movilidad sostenible implica no sólo una transformación en los modos de propulsión de los vehículos, sino también una reflexión acerca del modo en el que nos desplazamos. De hecho, si convirtiéramos todos los vehículos existentes en eléctricos, no habríamos solucionado otro de los graves problemas de la movilidad, en especial urbana, aparte del de la contaminación con CO2 y NOx en la propulsión: la congestión. Ahí es donde entra en juego otro concepto clave de una movilidad inteligente, como es la interoperabilidad de los modos de transporte.

La interoperabilidad de los modos de transporte no es otra cosa que la utilización inteligente y coherente de las diversas modalidades de transporte a nuestro alcance y es en ese escenario donde el vehículo eléctrico debe jugar un papel fundamental, en colaboración con el transporte público, con el aprovechamiento de sistemas tradicionales de transporte, como la bicicleta, y con otros modelos de negocio que surgen en el germen de una movilidad urbana sostenible, como el carsharing.

La contaminación atmosférica, una amenaza real
El tráfico es uno de los grandes generadores de CO2. Existe la idea generalizada de que el CO2 “no mata” a las personas como sí lo hacen otros gases tóxicos, principalmente los óxidos de nitrógeno del tráfico y los compuestos orgánicos volátiles, que son fruto de la “dieselización” del transporte y cuyo efecto llega e elevar los niveles de mortandad urbana por problemas pulmonares e incluso, por ser agentes cancerígenos.

Sin embargo, el CO2 produce elevados niveles de mortandad, no por acción directa, sino por efecto del calentamiento de la Tierra, lo que está llevando a alteraciones en el medio ambiente que se traducen en las catástrofes naturales provocadas por el cambio climático.

Al margen de estos contaminantes, existen otros agentes nocivos producidos por el tráfico como la contaminación por ozono troposférico, un gas tóxico -e invisible- que se genera cuando se combinan la polución del tráfico con la alta insolación, en especial en época estival.

Por estas razones, el uso del vehículo eléctrico se convierte en razón de peso para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y en la respuesta a nuevos conceptos de movilidad, en particular en las zonas urbanas.